Primer premio en el “VI Concurso de Redacción contra la Violencia de Género Badajoz 2013”

          Nos han comunicado que una alumna de nuestro colegio recibirá el primer premio en el “VI Concurso de Redacción contra la Violencia de Género Badajoz 2013” la próxima semana. Enhorabuena, Azahara.

          La compartimos aquí para que disfrutéis de ella.



"Tras un portazo en la puerta de casa y el sonido de sus pasos bajando las escaleras, Elsa comenzó a respirar de nuevo aunque su corazón latía igual que una máquina de vapor, consiguió levantarse y con mil esfuerzos arrastrarse hacia el baño, apoyó sus manos temblorosas en el lavabo y antes de mirarse al espejo tomó aliento. ¡Dios mío!, ¿qué era aquello que se reflejaba en el espejo? A pesar de las lágrimas que empañaban sus ojos pudo ver como la sangre emanaba de su nariz, sus ojos que apenas podía mantenerlos abiertos y su boca hacía tiempo que había dejado de ser aquella boca hermosa que una vez fueron labios de mujer. Con un terrible dolor de costado y apoyándose de nuevo en la pared, consiguió quitarse los jirones de ropa que le quedaban y meterse en la bañera para darse una ducha. Elsa se sentía sucia, muy sucia, sólo quería frotar su cuerpo lo más fuerte posible para arrancar así la sangre, el dolor y la humillación que inundaban todo su ser. Mientras el agua corría por todo su cuerpo, su mente comenzó a volar años atrás…
Alan bajó las escaleras agarrándose a la barandilla y se percató que la estaba manchando de sangre con sus manos, manos con las que acababa de maltratar y golpear a Elsa. Su esposa, su compañera con la que había convivido y compartido muchas de sus experiencias en la vida.
A la vuelta de la esquina Alan entró en un bar y como de costumbre intentó ahogar su culpa en el alcohol. Sintió culpa, sintió vergüenza, realmente no sabía qué era lo que desencadenaba que aquella bestia que llevaba dentro saliese a la luz, quizás fuese su forma de ver las cosas o tal vez la cobardía que sentía por no saber enfrentarse a los problemas de la vida y pagaba su impotencia contra ella, tal vez sería un reflejo de su infancia, el veía en sí mismo cuando maltrataba a su mujer el reflejo de su padre. Tapándose la cara con ambas manos sollozó en silencio y se prometió así mismo como tantas otras veces que aquello no volvería a ocurrir.
Pasó el tiempo y la historia de Elsa y Alan continuó con la misma monotonía, él ahogando sus penas en el alcohol y ella ocultando tras sus gafas con vergüenza los morados de sus ojos.
Pero que mala pasada le jugó la vida, las sirenas de las ambulancias y la policía despertaron una mañana de un día cualquiera al vecindario.
Todo había terminado, Alan confesó que se la había ido de las manos y la vida de Elsa había sido el precio que hubo que pagar.
Ahora, arrepentido, cabizbajo y desesperado, bajó esposado por última vez las escaleras de la casa, no volvería a ver la libertad en mucho tiempo. Pero Elsa no volvería a la vida nunca más.
Son miles de personas las mujeres maltratadas por el mundo por esta oscura lacra que es la violencia de género que campa a sus anchas en esta nuestra sociedad llena de temores y prejuicios, queremos que las nuevas generaciones estén lo suficientemente preparadas para comprender que todos somos iguales por lo que tenemos derecho a la vida, a una vida digna y sin humillaciones. Recordamos con tristeza a todas las Elsas del mundo y procuraremos que en un futuro no muy lejano estas historias sean pasado".

Para leer más sobre esta noticia:

 http://www.hoy.es/v/20131219/badajoz/todos-somos-iguales-derecho-20131219.html

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